25 de junio de 2010

Sur le pointes un cisne verde olivo

Las zapatillas de puntas hacen sangrar los pies de las bailarinas de ballet porque la postura que adoptan, en la que todo el peso del cuerpo cae en el primer dedo, es antinatural. Esta posición se le conoce en francés -idioma universal del ballet- como “sur le pointes” que literalmente significa “sobre las puntas”.

A los nueve años de edad comenzaron a romperse sus pies; se subió a las puntas y no se bajó hasta cerca de los 71 años. A los diecinueve años padeció de un defecto en un ojo que le produjo una ceguera parcial, aun así, Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo, más conocida por Alicia Alonso (La Habana, 1920) bailó, bailó, bailó, en puntas, empecinadamente, hasta convertirse en Prima Ballerina Assoluta del Ballet Nacional de Cuba. Su nombre es ya una leyenda de la danza y es uno de los más grandes mitos de la historia del ballet mundial.

Su carrera se desarrolló en la Sociedad Pro-Arte Musical de la Habana, donde estudió ballet clásico. Alicia mostraba una fuerte afinidad con la música y la danza desde muy temprana edad, una vez, refiriéndose a esa etapa de su infancia, comento: “cuando yo era pequeña, me movía cada vez que oía la música, como Isadora Duncan, porque yo no sabía lo que era bailar. Soñé con tener el pelo largo, así que para bailar me ponía toallas alrededor de mi cabeza, fingiendo que era mi pelo que salía detrás de mí”.

Descendiente de familia española; su padre, Antonio Martínez, fue un oficial del ejército cubano y su madre Ernestina Hoyo, era ama de casa, ambos disfrutaron de un cómodo estilo de vida en un sector adinerado de La Habana, por lo que pudieron financiar a su hija la mejor educación dancística. Por un año la familia completa se trasladó a España, es ahí cuando por recomendación de su abuelo español, Alicia estudió flamenco, incluso aprendió a tocar las castañuelas. Años más tarde, esta formación le serviría para su interpretación magistral del Ballet Carmen.

A los 10 años de edad, la pequeña Alicia Martínez (como solía llamarse artísticamente) “sur le pointes” ejecutaría en público su primer ballet “La Bella Durmiente” de Tchaikovsky y cinco años posterior a esta ejecución, se casaría con el bailarín Fernando Alonso, de ahí que su nombre cambió a “Alicia Alonso”.

Los Alonso en la vida profesional de Alicia

Los hermanos Fernando Alonso (1914) y Alberto Alonso (1917) nacidos en La Habana, eran hijos de Laura Rayneri, una dama de grandes inquietudes culturales que apoyó los intereses artísticos de sus hijos. Fernando, el esposo de la joven bailarina de 15 años Alicia Martínez, fue bailarín y profesor de la Sociedad Pro Arte Musical, pero fue su hermano Alberto, también bailarín y coreógrafo, que se destacaría por su maestría y talentazo creativo en la artes escénicas.

La Escuela de Ballet Sociedad Pro Arte Musical, fue fundada en 1931, diez años más tarde, sería dirigida por Alberto Alonso, egresado de la misma escuela y responsable del mayor esplendor al ballet cubano. Gracias a sus años de viajes por el mundo con compañías de renombre internacional en donde fortaleció su formación académica y conoció lo más avanzado de la coreografía contemporánea, Alberto, con el apoyo de su esposa, la bailarina Alexandra Denísova, produjo cambios radicales y aumentó el rigor en las clases de Pro Arte Musical.

La versatilidad Alberto era explosiva; hizo temporadas como bailarín de carácter en American Ballet Theatre de New York, celebró en Cuba los primeros Festivales de Ballet con carácter anual, apareció en el filme musical Yolanda junto a Fred Astaire, incursionó en el medio televisivo y en cabaret, por ese entonces el afamado centro nocturno “Sans Souci” ovacionó su superproducción “Bamba Iroko Bamba, que incluía a 100 bailarines.

Su creatividad coreográfica se desbordó en obras notables como: Concerto, un ballet basado en la música de Vivaldi, Forma , obra apoyada en una partitura de José Ardévol y en un poema de José Lezama Lima, que era entonado por la Coral de La Habana. Ícaro, que es una libre versión del original de Sergio Lifar y que él cubanizó con el apoyo del joven compositor Harold Gramatges.

Para Alicia, creó obras que impulsarían aún más su carrera como bailarina. En 1947, Alberto deja boquiabierto e irritado al elegante, adinerado y culto público de la época, con la obra “El Solar”. ¿Imaginan a Alicia encarnando el papel de una solariega cubana que abandonada por el hombre que ama se suicida prendiéndose fuego? La obra creaba un concpeto rupturista, la escenografía perfectamente recreaba la cuartería (caserón conventillo) en donde Alicia como protagonista descendía por una escalera envuelta en llamas. La música de acompañamiento eran ritmos populares como la rumba, el bolero y la Columbia. Con esta obra emergía un ballet moderno en donde Alberto exigía a los bailarines abandonar todo academicismo para moverse con libertad y representar la sensualidad del baile cubano. Se dice que fue la primera vez en la isla que el ballet se vinculó con los problemas sociales más urgentes.

En 1948 el American Ballet Theatre se ve obligado a cancelar su temporada por razones económicas, aprovechando esta oportunidad, Alicia, Fernando y Alberto, logran formar una agrupación de 40 integrantes de los cuales solo 16 de ellos eran cubanos, para presentarse en La Habana con el nombre de Ballet de Alicia Alonso, su director general era Fernando y su hermano Alberto el director artístico.

En 1956 Alicia estrena la versión integral de Alberto del ballet Romeo y Julieta sobre la partitura de Prokofiev. Sin embargo, la obra que ganaría renombre internacional e inmortalizaría el nombre de Alberto Alonso, sería su versión particular de “Carmen” la novela de Prosper Merimée. La motivación fue la bailarina Maia Plisetskaia quien le pidió al maestro que hiciera para ella una versión de esta obra. Su esposo, el ruso compositor Rodion Schedrin orquestó una suite derivada de la ópera de Bizet, en la que enfatizaba al máximo lo dramático. Pero fue Alicia quien se apoderó de la obra y la paseó por el mundo. En Cuba fue estrenada en agosto de 1967, con Alicia Alonso y Azari Plisetski en los roles centrales. Por ese tiempo la crítica dijo que Alicia enfatizaba en su interpretación, resolvía todos los pasos con maravillosa fluidez y se valía de sus ancestros hispánicos para hacer creíble la historia de fatalidad de la obra.

Carmen, hizo que Alberto, se convirtiera en el más sobresaliente coreógrafo de su época y fue invitado para ponerla en escena en diversos y exigentes escenarios internacionales.

Consagrada, ciega y revolucionaria

En busca de oportunidades artísticas, Fernando junto a su esposa Alicia se marchó en 1937 a Estados Unidos. Fernando bailó con la compañía del Mijail Mordkin e integró los coros de las comedias musicales de Broadway. En 1940 junto a Alicia se presentó en las audiciones para integrar una nueva compañía American Ballet Theatre, los dos quedaron seleccionados por esta compañía. Es en este momento en que Fernando completa su formación, participa en montajes dirigidos por los más renombrados corógrafos, estudia lo más notorio del repertorio, tanto tradicional como contemporáneo y se prepara para armar una compañía de ballet profesional en Cuba.

Por su parte, Alicia en 1943 da el gran salto en su carrera cuando fuera nombrada para bailar el papel principal en Giselle. Un artículo en la página web de Radio Progreso describió este suceso más o menos de esta forma: “la primera bailarina de la compañía, Alicia Markova, que bailaba el papel principal se enfermó de repente. El teatro estaba repleto y sus entradas agotadas. El empresario que no quiso cerrar la presentación preguntó a todas las bailarinas, una a una, quién quería sustituir a Markova. Situación difícil ya que estaban a una semana para la apertura y prácticamente sin tiempo para aprender el papel. La bailarina cubana responde al llamado, ella había soñado con ese momento, con la posibilidad de realizar Giselle. La pieza se estrenaba en siete días y debía ensayar de día y bailar otros ballets por la noche, sus pies sangraban, pero una semana después su debut como Giselle fue ampliamente aclamado. El New York Times lo elogió como "uno de los espectáculos más distinguidos de la temporada." A lo largo de su ilustre carrera, cientos de veces siguió bailando su opera prima que la llevó a la posteridad: Giselle.

Personalmente, en mis tiempos de asiduas idas al ballet, tuve la oportunidad de ver el Giselle de Alicia y otras soberbias interpretaciones de tres grandes primas bailarinas: la rusa Maia Plisetskaia, la italiana Carla Fracci y la norteamericana Cynthia Gregory, para mí, la de Alicia era la más extraordinaria, casi perfecta. También, Alicia interpretaba Carmen tan prodigiosamente que nos ponía la piel de gallina desde que hacía su entrada, y qué decir de su magnifico Lago de los Cisnes en su desdoblamiento entre el bondadoso y confiado cisne blanco (Odette) y el maléfico cisne negro (Odile), ella era definitivamente espectacular como ballerina.

Ciega

Las crueles zapatillas de puntas le causaron dolores pero también les mantuvieron los pies vivos mientras tenía sus ojos vendados. A fines de 1941, Alicia sufrió un desprendimiento de retina que la obligó a guardar cama durante casi un año luego de la intervención de tres cirugías. La muy reputada a nivel mundial Prima Ballerina Assoluta, postrada en cama, no tenía permitido ni siquiera mover la cabeza y debía permanecer con pesadas vendas en sus ojos por un largo período, por lo tanto, tampoco podía practicar su arte. Los médicos auguraban el fin de su carrera, pero Alicia se resistió y siguió bailando con la mente, revisando una y otra vez los movimientos, los desplazamientos. Se sabía Giselle de memoria. Más tarde, ella explicaría sobre esta conexión entre el cerebro y el cuerpo: “... esta es una carrera en la que se debe ejercitar todos los días, casi al extremo, en la que no se debe trabajar solo con el cuerpo sino también con el cerebro. Alonso no tardó en volver a Nueva York para reunirse con el American Ballet Theatre (ABT). El público cubano como el internacional, sabiéndola ciega, aplaudía a rabiar al verla bailar con tanta maestría y perfección, era aún más asombrosa.

En 1972 se sometió a otra operación y como artista invitada siguió bailando en las compañías más prestigiosas del mundo. Durante ese período se divorció y se volvió a casar. En los 90 a punto de cumplir setenta años de edad y con su visión más deteriorada, siguió como bailarina principal y directora del Ballet Nacional de Cuba (BNC). En enero de ese mismo año, Alicia bailó parte del Lago de los Cines en el Metropolitan Opera House de Nueva York. Se esperaba que lo avanzado de su edad y su ceguera hicieran estragos en su actuación pero los críticos señalaron que su “técnica del ballet dio un brillo que faltaba en cada actuación de las hermosas jovencitas de ABT.

Revolucionaria

El talento de Alberto, Fernando y Alicia Alonso, sumados al apoyo financiero del gobierno de Castro logró crear el prestigioso Ballet Nacional de Cuba que con los años cada vez más fue logrando fama internacional.

Alicia reconoce que la primera vez que vio a Fidel, éste le preguntó qué necesitaba para hacer una buena compañía de ballet. A partir de ese entonces Castro se convirtió en su gran amigo, y aún le profesa adoración. Según comentarios de quienes la conocieron, Fidel, correspondiéndole, solía aparecerse por sorpresa en sus funciones.

Es indiscutible que la subvención de Castro al Ballet Nacional consiguió que este arte, hasta ahora reservado a una pequeña elite, llegara a toda la sociedad cubana, de igual forma provocó una demanda internacional de las funciones de la compañía criolla. No obstante, fue el renombre de Alicia el que favoreció la recepción de los grandes escenarios del mundo, convirtiéndose así el BNC en una empresa rentable para Castro y en una maquinaria propagandística de su ideología totalitaria.

La invidencia de Alonso logró provocarle también ceguera ideológica, ella consideraba a Fidel un ejemplo de valentía, inteligencia y humanidad que el mundo debía seguir. En 1962, cuando la crisis de los misiles, Alicia cambió el tutú por el traje verde olivo y bailó para al regimiento que vigilaba el perímetro nuclear, pese a todo esta devoción por la revolución, nunca permitió que sus bailarines cumplieran obligaciones de pueblo como ir a cortar caña u otros trabajos impuestos por el régimen.

Igual que su amigo Fidel, la primerísima bailarina se perpetúo en el poder y cual dictador se impuso primera figura vitalicia del BCN, y aunque ya no pueda bailar ha hecho todo lo posible por no tener sucesión hasta después de su muerte.

Cisne verde olivo de cuello negro

Hace pocos días, el American Ballet Theatre ofreció un homenaje a los 90 cumpleaños de la leyenda cubana de la danza. Alicia Alonso viajó al centro del capitalismo para recibir en el Metropolitan de Nueva York este agasajo de amplia cobertura noticiosa a nivel mundial. Muchos medios elogiaron este suceso, otros fueron más acertados con la verdadera realidad de esta célebre bailarina, que si bien fue una de las figuras más aclamadas de la larga historia del ballet mundial, fue también una de las personas más odiada.

Pero ¿qué ha avivado este odio a la legendaria y verde olivo prima bailarina assoluta? un artículo titulado “Alicia Alonso Cisne de Cuello Negro” y publicado por La Razón de España, lo explica muy bien:

“Como la protagonista de «El lago de los cisnes», que debe interpretar la elegancia angelical del cisne blanco (Odile) y la perfidia del cisne negro (Odette), la Alonso transformaba toda la suavidad de sus movimientos escénicos en mano de hierro a la hora de regir su compañía: «Muchos de sus bailarines aseguran que prefieren estar bajo el mando de Castro que bajo el de Alicia Alonso», asegura Ricardo Cué, uno de los mayores especialistas de danza clásica en España.

En la leyenda negra de la Alonso pesa su freno constante a los bailarines de la escuela que ella misma creó. Ése fue el caso de Josefina Méndez, Mirta Pla, Aurora Bosch y Loipa Araujo, denominadas «las cuatro joyas» por su valor artístico y cuyo debut en los roles principales demoró durante años.

Lo mismo que otras tres grandes, Rosario Suárez, Amparo Brito y Ofelia González, que se graduaron en 1968 y hasta 1986 no lograron ser primeras bailarinas. Alicia Alonso no perdona una traición y para ella, como para el régimen cubano, traición es querer vivir dignamente del trabajo, es decir, aprovechar la oportunidad cuando te hacen una oferta en otra compañía y marcharse a bailar fuera de la isla. Muchos de los miembros del ballet aprovechan las giras para desertar...

«No entiendo cómo ha dejado que se destruya El BNC. Su política ha llevado a que hoy las figuras jóvenes crezcan sin referente artístico. El motivo es que a quien se va de la compañía se le borra para siempre, como ocurrió con la gran Margarita de Saa. En el Museo de la Danza de La Habana, quien terminó mal con ella no existe, pues se considera que no pertenece a la historia. Eso es su legado más triste, una compañía que se hunde», dice uno de los habituales del ballet, exiliado en Nueva York.

…El caso más significativo es el de Lorna Feijóo, que, tras aceptar la oferta del Boston Ballet, «no sólo no le permiten volver a bailar en La Habana, sino que le han prohibido la entrada a la escuela del BNC», nos cuenta uno de los miembros del ballet.

Varias generaciones de bailarinas han muerto con la esperanza de ver un cambio en la dirección del Ballet Nacional de Cuba. La longevidad de la Alonso sólo es comparable a la del propio Fidel Castro. Si bien en la jefatura del Estado cubano ya se ha producido el relevo, la compañía aún sigue pendiente de las decisiones de esta mujer nonagenaria, y eso, a pesar de que hace años que sólo ve la progresión de sus bailarines a través del relato que le hace al oído durante las representaciones su círculo de confianza, especialmente su marido, Pedro Simón, que dirige el Museo de la Danza de La Habana…”.

Cisne negro, ballet verde olivo

Interpretando el pas de deux El cisne negro, junto a Igor Youskevitch, 3 de febrero de 1959, Alicia Alonso selló su apoyo incondicional a la revolución castrita, en una función especial en honor del Ejército Rebelde y del Gobierno Revolucionario, celebrada en el antiguo teatro Blanquita, hoy Karl Marx. El día 15 de ese propio mes de febrero y en el mismo escenario se repetiría el programa, esta vez con la presencia de Fidel Castro.

Desde estonces Alicia Alonso vistió a su ballet de verde olivo y no dejó de ofrecer tributos al ejército comunista y a su máximo lider, que es lo mismo que bailar con el diablo para convertirse también en diablo.









8 comentarios:

  1. me encanta el balett, y soy una gran fan de ella, realmente me impresiono la historia
    BUENISImO

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  2. Te equibocaste el cisne negro es Odile y el cisne blanco es Odette

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  3. Efectivamente me equivoqué con los cisnes pero fue un lapsus linguae ;) Gracias por la observación!!
    Saludos.

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  4. Solo se deja de bailar el dia que uno muera... eso es definitivo.. wowo me quito el sombrero..Tiffany Avendaño M. Costa Rica

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  5. es precioso el ballet!

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  6. Amo todo lo que sea danza, por estos momentos estoy de vacaciones y hace 1 mes que no voy, y siento re vacia mi vida...
    siempre m encierro en mi cuarto a bailar o simplemente camino pensando en la musica y bailo por los pasillos de mi casa.
    AMO LA DANZA! ES MI VIDA!

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  7. Así son las pasiones y ésta debe ser una de las más intensas porque exige una gran disciplina, amén de todos los sacrificios y dolores a que se exponen, imagino que se compensan al salir a escena y girar por los espacios como movimientos en equilibrio y con delicadeza, los aplausos y admiración del público deben ser el premio a ese esfuerzo.

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  8. La danza clásica y la destreza de esta sinigual interprete,esta por encima de cualquier afinidad politica.Dios le conceda larga vida a esta espectacular dama.

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