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31 de julio de 2010

SIN MIEDO AL COLOR

Por: Anastasia Expósito

¿Así que te acuerdas de Santa Bárbara cuando truena? Todo cubano o cualquier estirpe de cubano conocen este dicho. Es una forma de decirte que sólo te acuerdas de las cosas cuando han llegado a un álgido punto que te sofocan. Es alegórico a una de las creencias cubanas sobre aquellas personas que se acuerdan de los santos cuando tienen problemas, sin estos, no hay adoración y atención.

Y ustedes dirán, bueno a dónde quieres llegar o como dicen los gringos “what’s the point”. Simple, es mi introducción para hablar de un prolifero pintor: Alfredo Sosabravo. Algunas de sus obras tienen como temática la representación en imagen de un dicho cubano a la cual dibuja escritura para su completa interpretación. "Así que te acuerdas de Santa Bárbara cuando truena" está estampada en uno de sus grabados que me fuera regalado en México por un querido compatriota y que ostento con mucho orgullo. Para los que no conocen, Santa Bárbara, es muy venerada en Cuba, dueña de los truenos, relámpagos y centellas, a la que se aclama cuando llegan las tormentas tropicales. En la religión Yoruba (afrocubana) su sincretismo es con Changó, dios viril del tambor, que en sus enojos puede lanzar a la tierra truenos y relámpagos tan estriposos como un fuerte repicar de tambores.

Pero quién es Sosabravo. Es un alto exponente de la plástica contemporánea cubana. Sus obras son un estallido de color volumétrico que se destacan por su fuerza poética. Sosabravo, nacido en 1930, es un maestro del collage, la cerámica, la escultura en bronce y el vidrio (ha trabajado con los maestros del cristal en el taller del cristal de Murano de Venecia). Muchos de sus trabajos forman parte de importantes coleccionistas como instituciones, colecciones privadas, de Cuba y del extranjero.

Decir Sosabravo es hablar con una pluralidad de expresiones (litografías, xilografía, dibujos, esculturas, grabados y collages incluidos) las obras de este maestro no sólo evidencian el manejo a la perfección del color, simulando siempre el fuego en el encendido de sus tonos, sino que relata poesía y humor, fantasía e ironía. Mirar un Sosabravo es reinterpretar con imaginación exagerada a la naturaleza (flores, mariposas, pájaros…)

Expone desde 1958 en Cuba y en el extranjero, su fuerte expresividad lo ha hecho merecedor de innumerables premios nacionales e internacionales. Estudió en la Escuela anexa a la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, pero su mejor formación la debe a un interés autodidacta.

Italia le confiere en 2006 la Orden al Mérito en Grado de Cavalieri y antes, en 1976 recibió Medalla de Oro del XXXIV Concurso Internacional de la Cerámica de Arte Contemporánea Ciudad de Faenza, Italia. Y es precisamente en este país donde acaba de realizar una exposición en este mes de abril de 2009, titulada SIN MIEDO AL COLOR.

Cuando del perfeccionismo y del talante de la plástica cubana se trata, Sosabravo es su insigne embajador. Visiten su sitio y conozcan el riguroso trabajo de este maestro, pero antes, preparen los ojos para dejar penetrar las escandalosas luces de una inmensa paleta de color. http://www.sosabravo.com/

"La muestra Senza paura del colore (Sin miedo al color ) de Sosabravo fue inaugurada en la Sala de los Gigantes del Museo Ligabue en Gualtieri, Reggio Emilia, Italia el pasado 4 de abril de 2009. Las palabras de presentacion fueron pronunciadas por el critico de arte Luciano Caprile de Genova. Toda la información referente a la exposición se encuentra aquí."

Publicado por Anastasia Expósito en http://conpecadoconcebido.blogspot.com/

LA MARCA DE LA BESTIA

Quiero compartir con lectores, amigos y compatriotas esta nota de Armando López, publicada por cubaencuentro.com, relato de un pedazo de vida del pintor Jesse Ríos pero que tiene matices similares a las de muchos intelectuales cubanos, dueños también de una profunda mutilación, posiblemente muchos de sus cuerpos representados en la obra pitórica de Jesse, que como él han llevado y aún llevan consigo la marca de la bestia.


"En su estudio de la Pequeña Habana, Jesse Ríos pintaba cuerpos mutilados, peces humanizados, rostros desesperados, ojos y manos retorcidas. Pocos de sus lienzos adornaban casas de nuevos ricos.Los mercaderes del arte temían sus cervezas de más, sus exaltaciones en que soltaba la lengua, o peor, sus depresiones en que protestaba el mundo. Pero Jesse no dejaba de pintar, con pinceles, paletas, cabos de plumas, trapos, dedos, codos —terminaba embarrado de pies a cabeza—. Su estudio era su casa, su hospicio para pintores principiantes, su cantina abierta para enemigos que no tenía. ¿La puerta? "Déjala abierta", decía, aquí no roba nadie.

Cada vez que caía por Miami, iba de mañana a sentarme con Jesse. Era un ritual. Sintonizaba las politiquerías locales. Nunca supe como podía escucharlas y escucharme. Me servía una cerveza y hablábamos de nuestra juventud proscrita, de nuestra peña de aspirantes a disidentes (o a ingenuos), que nos reuníamos de madrugada, en La Habana de los setenta, en el parquecito de Calzada y K, a esperar el café de la funeraria, excusa para leer nuestros poemas inéditos, hacer chistes contra el régimen, sin censura sí, pero con miedo, siempre a la espera de la recogida.

Machacados por la represión, asolados culturalmente, fuimos agrupándonos, en unos cuantos bancos frente a la funeraria Rivero, faranduleros (como yo), escritores prohibidos como Reinaldo Arenas, Carlos Victoria; actores malditos como Vicente Revuelta, René Ariza; poetas como Esteban Luis Cárdenas, Benjamin Ferrara, Fabio Hurtado; personajes insólitos como el negro Cachimba, Profundo el hijo de Bigote de Gato, Mariela (la única virgen del Vedado); y los pintores Cuenca, Flavio Garciandía, Julio García, y Jesse que, con su hiperrealismo de maravillas, había ganado un premio en el Salón de Mayo de París (1968), pero que ya había recibido, en carne propia, la marca de la bestia.

Jesse había sufrido el regreso de sus padres a Estados Unidos. No lo dejaron marcharse con ellos. Aún siendo estadounidense (había nacido en Tampa en 1948 y regresado a Cuba en 1952), debía pagar en dólares sus estudios en la Escuela Nacional de Arte antes de abandonar la Isla. ¿De dónde iba a sacarlos?

Su padre volvía a la empobrecida Pequeña Habana, a vivir de un retiro de soldado americano de la Segunda Guerra. Al pintor le tocó quedarse. Y el dolor mutaría sus lienzos. Su sonriente hiperrealismo fue transformándose en rostros retorcidos, amenazados por ojos vigilantes.

Ni palmeras ni bohíos

Una década esperó Jesse a que el Ministerio del Interior le permitiera salir del país. En 1988, por fin llegó a Miami. Se instaló en la Sagüecera, al pie de sus padres. De inmediato arremetió a pintar cuerpos mutilados que denotaban un agresivo expresionismo. Al año, sus piezas se exhibirían en el Museo Cubano. Cierto que recibió buenas críticas, que cada año volvería a exponer sus torsos en Florida y Nueva York, pero vendía poco.

El mar que separa a los cubanos fue de sus últimos temas. Peces humanoides que nadan en un océano de profundo silencio. Y que, por misterios de su arte magnífico, recordaban, en su entorno surrealista, la alegría de verdes y azules y amarillos que caracterizaron al pintor en sus comienzos.

Sus peces tuvieron más aceptación entre los mercaderes del arte. Pero Jesse se aburriría pronto de los peces y de los mercaderes. Marcado por la bestia, desbarró contra el mundo, se refugió en la cerveza, volvió a sus cuerpos mutilados, a los colores sucios, ocres, grises, sangre, que revelaban sus angustias y su mano maestra.

En 2003, la galería Domingo Padrón, de Coral Gable, le ofreció a Jesse Ríos un homenaje por sus 40 años de vida artística. Los pintores Nelson Franco, Miguel Fernández, Ángel Moreno, Carlos Masis, Luis Miguel Rodríguez, Sergio Lastres, Jorge Luis Zamora y Regine, estaban allí para reconocerlo como uno de los más grandes artistas de su generación, la ciudad de Miami y el Condado Dade le dieron una placa de reconocimiento.La última exposición personal de Jesse fue el pasado año, en Obini Gallery, organizada por su compañera Martha Fonseca. Se tituló Rostros y torsos, en celebración del aniversario 60 del artista. Conjugaba un hiperrealismo tardío con torsos mutilados. Realmente fue una recopilación de algunos de sus lienzos. Jesse venía sintiéndose mal. Había dejado de pintar. Pero cabezón (como siempre), creía que resolvería su salud con una cerveza y otra. Fue al médico ya para morirse de un cáncer del esófago.

El sábado 25 de julio de 2009, a las nueve de la mañana, falleció mi amigo Jesse. Las galerías que tienen obras suyas, las atesoran y esperan. La prensa de Miami ha publicado poco sobre su muerte. La de La Habana, ni siquiera la ha reflejado. No es de extrañar. En Miami nunca pintó palmeras, bohíos, ni medios puntos, toda esa decorativa industria que comercializa la nostalgia. Y para La Habana, el artista había nacido en Florida, aunque llevara la marca de la bestia."

Publicado por: Anastasia Expósito en http:conpecadoconcebido.blogspot.com sobre la nota de:
Armando López, Nueva York 03/08/2009 Publicado por CubaEncuentro http://www.cubaencuentro.com/ /
Para ver obras del pintor: http://www.cubaencuentro.com/es/layout/set/gallery/multimedia/galerias/jesse-rios-entorno-surrealista/(filter)/thumbnail

2 de abril de 2010

LA FASCINACIÓN DE PINTAR EMOCIONES CON EL CORAZÓN

Portuguesa, como el fado, ese idioma cantado desde la pasión desbordante, la tristeza y desde la nostalgia inarticulada con palabras, como la alegría de una la piel mojada con los colores de la vida, así es Ana Isabel André, pintora autodidáctica que no necesita pensar en la pintura y la técnica para plasmar luminosas emociones cromáticas.

Una artista que cuando trata de definirse, se reconoce como si viviera dentro del agua, con el corazón en la tierra y la cabeza en el cielo. Yo soy autodidacta –me dice- y todo lo que sé lo fui descubriendo y experimentando a través de mi infinita curiosidad y de mis manos como instrumentos, siempre me ha gustado trabajar con ellas. “Me dejo guiar por el corazón en todo lo que hago en la vida, ya sea en mi interacción con la gente, con la pintura u otras formas de arte, con los animales, las plantas o con toda expresión de la naturaleza”.

La forma en que Ana me cuenta sus primeras explosiones plásticas, es como el susurro de notas musicales rasgada del poético gemir de una guitarra portuguesa: “Durante muchos años no intenté pintar por razones prácticas de la vida, pero un día despertó en mí el deseo, sentí un fuerte dolor en mi pecho, mis chacras habían abierto sus piernas para parir el arte y mi aura dibujaba rasgos, desde entonces no consigo vivir sin pintar.”

Cuando converso con Ana, la siento tal cual sus pinturas; un gran árbol generoso, que desparrama sus hojas, flores y frutos amalgamados con sol, agua y tierra, refractando exaltaciones del alma.

“As minhas florestas e as minhas árvores vivem na minha alma, ainda procuro nos meus caminhos interiores respostas ao meu amor ás árvores e ás florestas...já não sei viver numa cidade, sufoca-me! Preciso da natureza!”

Al ser interrogada sobre su técnica preferida, Ana comenta: “Mi técnica, no sé cuál es, pues no pienso en el arte o la pintura en términos de técnicas. No premedito lo que voy a pintar, lo hago por pura inspiración. Uso tintas, agua ras, óleo de linaza, pinceles y manos, me encanta manosear la tinta con los dedos. Adoro especialmente el óleo porque es un material transformativo y me permite siempre modificar un cuadro y trabajar la luminosidad conforme me sienta encantada por ella.”

Si alguien me pidiera que graficara la música de un fado, sin pensarlo, yo mostraría una pintura de esta artista, Ana, mujer estremecida por la belleza y por la fuerza que constituye la poesía de la naturaleza, de la vida y de los sentidos. Aquí les dejo algunas de sus pinturas.

Para conocer más sobre la artista o si te interesa alguna obra puedes contactar a: Ana Isabel André, anis1963@live.com.pt



13 de marzo de 2010

BODY ART O CUERPOS PINTADOS

El origen del Body Art, se atribuye al artista Bruce Naumann, quién fue uno de los primeros creadores en realizar obras con su cuerpo en 1965.

Podemos diferenciar en el body art una línea más analítica que se practica en Estados Unidos por artistas como Vito Acconci, Chris Burden o Dennis Oppenheim que ponen el acento en las posibilidades del cuerpo, y otra más dramática, la europea representada por Herman Nitsch, Gunter Brus, Rudolph Schwarzkolger o Gina Pane, que incide en la reelaboración de arquetipos, junto a aspectos relacionados con el travestismo, el tatuaje o la sublimación del dolor. Como precursores del body art encontramos el dadaísmo, el happening y más tarde esta muy relacionado con la práctica de las "performance" (acciones), el teatro y la danza. Yves Klein, Youri Messen-Jaschin también fueron precursores en este movimiento.




El ecuatoriano John Vargas ha encontrado en el cuerpo humano un lienzo perfecto para su arte, que le llevaró a ser el único latino en el Festival Mundial de Cuerpos Pintados en Austria en julio del 2007.

Vargas, que representó a EE.UU. -aunque también se colocó la bandera ecuatoriana- fue elegido inicialmente para estar la noche inaugural de ese evento, en su décima edición, junto a otros 14 artistas, por su trabajo sobre cuerpos desnudos que convierte en obras de arte.